La Medicina Biológica ¿Es una Nueva Medicina? NO La medicina es única y su objetivo primordial es sacar al individuo enfermo de una situación que puede calificarse de desequilibrio. A partir de este concepto único de la medicina, es posible entender que lo que si existen son diferentes métodos terapéuticos para alcanzar la curación. Entre estos los más conocidos en el mundo occidental son: la Alopatía, la Homeopatía, la Homotoxicología, la ortomolecular y la acupuntura. No se trata entonces de medicinas diferentes, sino de métodos terapéuticos diferentes. La Medicina Biológica es una forma distinta de entender la medicina y la salud: ve al ser humano de forma realmente holística, global, integral, sin separar los síntomas de la persona, de su vida; en ella están englobados todos los métodos terapéuticos para alcanzar el equilibrio físico, emocional, mental y espiritual del ser humano. “El adjetivo biológico” aplicado a la medicina no significa exclusivamente una ciencia basada en los aspectos anatómicos, fisiológicos o puramente fisico-quimicos; ésta sería en realidad la posición de la medicina que hoy llamamos oficial. La expresión Medicina Biológica, en nuestros días, evoca el empleo de plantas, dietas, ejercicio, masaje y todo aquello que la gente relaciona con el naturismo de siempre, completado con la filosofía del ecologismo, la no contaminación, etc. Hoy no se comprende una medicina que no esté basada en lo biológico y es ésta su importancia. Es necesario pues, respetar al máximo el cuerpo y todas sus funciones y pensarlo mucho antes de decidirse por cualquier intervención mutiladora, sea ésta física o química. Un médico biológico, cuando recibe a un paciente lo primero que hace es tratar de conocerlo a fondo: saber cómo se alimenta, como vive, cuáles son sus problemas, cual es su entorno, qué le preocupa, qué conflictos psicológicos, afectivos, laborales o sociales puede estar experimentando y hacerle ver entonces que aspectos de su vida está afrontando mal. La Medicina Biológica tiene en cuenta que todos los conflictos se somatizan y que para curar al paciente se le debe considerar como un todo, incluyendo el cuerpo físico, la mente y el espíritu.
La enfermedad no actúa de la misma forma y con el mismo peligro en unos y otros temperamentos, edades o constituciones. La idea de que cada enfermo lo es a su manera preside este modo de pensar de la medicina y la tarea médica. Y por eso la táctica de mejorar hasta donde sea posible las funciones orgánicas (con independencia del remedio específico o la intervención quirúrgica que un caso concreto pueda precisar) está presente en la práctica médica de todos los tiempos. Toda medicina, todo estilo de la práctica médica, puede clasificarse y evaluarse en función de la preocupación que el médico manifiesta por mejorar el cuerpo y sus funciones como paso obligado para cualquier ayuda específica que después haya de prestársele. El ser humano, en los principios hipocráticos, era visto como una unidad integrada por mente, cuerpo, emociones, entorno, etc; pero en el concepto cartesiano pasa a convertirse en algo separado de su entorno con un organismo que también empieza a ser fraccionado. Aparece entonces la “especialización” y el ser humano pasa a ser visto como una máquina: el corazón como si fuera una bomba, el cerebro como una computadora etc. Es decir, deja de ser visto como un sistema integral y, si el hombre es una máquina, el médico pasa a ser un “mecánico”.
¿Qué ocurre, en cambio, hoy en día? Que esa información no se posee y la poca con la que cuenta el médico de la Medicina General debe entregársela al especialista y éste incluso al superespecialista. Por lo que, quien atiende al enfermo no sabe nada de éste, ni de su vida. Todo lo que conoce es lo que dicen los fríos datos de las radiografías, exámenes de laboratorio etc. En suma, resulta que el conocimiento de nuestra salud está disgregado entre varios especialistas, cada uno de los cuales conoce un elemento del organismo. Hay, por lo tanto, una ruptura de la visión integral de la persona.
La medicina convencional no está hoy en capacidad de tratar correctamente a los enfermos, mientras siga viendo al ser humano como una máquina y mientras el médico se comporte como un mecánico que arregla piezas sueltas. Detrás de muchas patologías hay casi siempre un conflicto psíquico o emocional, un trauma, un entorno inadecuado o una forma incorrecta de enfrentar las cosas. ¿Cuánta gente está enferma de tristeza, de decepción, de rencor? ¿Cuántas veces no son esos los elementos que están desorganizando sus respuestas inmunológicas y su bioquímica? Actualmente pareciera haberse olvidado que terapeuta significa etimológicamente acompañante y que esa debería ser la labor del médico. Porque es siempre el enfermo el que se cura, el médico se limita a acompañarle y ayudarle en el camino de la sanación. Los médicos parecieran haber olvidado lo que significa el amor en el acto terapéutico y el poder que tiene para curar. En la medicina convencional no se interactúa afectivamente con el paciente y eso es primordial si se les quiere ayudar a sanar.
La enfermedad es un mecanismo que tiene el cuerpo para restablecer una armonía que se ha perdido; no es lineal ni unifactorial, por el contrario, es siempre multifactorial. Por lo tanto lo que cura no es una acción puntual, sino un conjunto de acciones que no se pueden separar. ¿Qué sucede con las prescripciones médicas en la práctica cotidiana? ¿Qué pasa con las recetas en las visitas clínicas? Se prescriben medicamentos contra la tos, el estreñimiento, la diarrea, la hipertensión arterial, la hipotensión, la fiebre, los dolores, el insomnio, la fatiga y otros muchos trastornos. El problema, pues, se muestra con toda claridad: la mayoría de los medicamentos que se recetan en la práctica habitual están concebidos contra los síntomas de la enfermedad y se prescriben en virtud de dichos síntomas. Los síntomas de las enfermedades son señales de alarma del biosistema humano: están indicando que su equilibrio dinámico está amenazado o se ha perdido. La mayoría de estos síntomas como la fiebre, la tos, el sudor profuso o la diarrea son mecanismos corporales para eliminar, mediante procesos de autocuración, el desequilibrio que los ha provocado. Con la tos, el sudor o la diarrea, el organismo está intentando desembarazarse de las noxas mediante excreciones; el dolor señala el lugar en el que se ha producido el desequilibrio; la fiebre intenta reforzar los mecanismos defensivos, mediante el aumento de la temperatura y de los procesos metabólicos. Es por eso que es importante no suprimir ni enmascarar los síntomas que buscan desintoxicar, limpiar al organismo para que él mismo pueda recuperar su salud. Ésta precisamente es la diferencia más importante entre la Homeopatía y la alopatía: mientras que la alopatía (o medicina convencional) combate los síntomas suprimiéndolos (ej. si hay dolor, lo suprime con un analgésico), es decir, ataca sólo el efecto y no la causa, la Homeopatía va directamente a la causa de la enfermedad, limpiando, drenando, sin hacer supresión y de esta manera sana realmente al individuo. ¿Medicina Integral o Lineal? El enfoque lineal, una reliquia en la medicina procedente de la física mecánica ya superada y que se refleja en el dogma del principio dosis - efecto, es el principal responsable de la llamada crisis de la medicina. No se trata sin embargo, de una crisis de la medicina, sino de las consecuencias de un desarrollo unilateral de la ciencia médica, cuyas deficiencias con frecuencia deben ser corregidas por el médico. La derivación de grupos de pacientes cada vez más numerosos hacia los ámbitos de la medicina “alternativa o complementaria” es una consecuencia de la desconfianza, como lo es también la huida hacia escuelas extramédicas o hacia cultos. Las frecuentes informaciones exentas de críticas y fuera de contexto sobre los efectos secundarios de los medicamentos no hacen sino aumentar esta tendencia. Los biosistemas como el hombre son singularidades biológicas enormemente complejas y entrelazadas, que no se pueden afrontar con esquemas de pensamientos lineales y unidimensionales. La mayoría de los fármacos químicos están orientados hacia los síntomas, es decir, se dirigen al último eslabón de un proceso patogénico, sin influir directamente en la causa. Los síntomas de una enfermedad funcionan como señales de alarma que advierten de una alteración en la armonía biológica. La eliminación de esta señal de alarma proporciona tranquilidad al organismo, pero no necesariamente la curación. El médico debe pensar en términos de cadenas causales, ciclos metabólicos y circuitos de regulación, teniendo en cuenta además la individualidad del paciente. Esto requiere una visión integral de las funciones orgánicas; la perspectiva lineal deberá dejar paso a la complejidad integral.
Pero una vez enfermo, creemos fervientemente que el mejor médico del hombre es su propio organismo y centramos entonces nuestra acción médica en estimular la tendencia autocurativa que él mismo posee y en reforzar todos sus mecanismos defensivos favoreciendo la curación natural, que es la verdadera curación. La curación es un “trabajo interior”. Los componentes más importantes de la curación, como son la fuerza vital, la armonía, la regeneración y la recomposición, no nos los dan los demás sino que proceden de nuestro interior. El poder de curación innato es parte de nuestra herencia genética y está al alcance de todos nosotros. En la Medicina Biológica las medidas terapéuticas se toman en consonancia con las capacidades naturales del organismo para la regulación, la regeneración, la adaptación y la autocuración. El criterio que la orienta es la integridad del ser humano y utiliza los medicamentos y medidas terapéuticas en favor de dicha integridad. En oposición a las exigencias de la acción colectiva de los fármacos químicos, los métodos biológicos se orientan mas individualmente; se guían por una concepción del hombre que contempla el cuerpo, el alma y la mente como unidades diferenciadas y en cada caso únicas dentro de una situación vital, también singular e individual. Los procedimientos terapéuticos buscan el restablecimiento de las funciones y descansan básicamente en las siguientes principios: Sustitución: aporte de materias deficitarias. Terapias de regulación: se esfuerzan por volver a poner en marcha las cadenas funcionales que han quedado interrumpidas. Terapias individualizadas: tienen en cuenta, por encima del principio colectivo, la situación vital individual del paciente que se va a tratar. De esta caracterización se deduce que el empleo de estas formas de terapia no se basa en esquemas conceptuales lineales, sino que intenta abarcar la complejidad y la individualidad de un trastorno de la salud. El médico orienta su actuación guiado por la eficacia de las medidas para la persona particular que está tratando. Aquí es donde se abre el abismo entre la teoría y la praxis médica: para el médico teórico, el diagnóstico realizable estadísticamente lo es todo y el bienestar del paciente está fuera de su modelo teórico. Para el médico práctico, lo decisivo es el bienestar y el diagnóstico no es más que un instrumento auxiliar. En el pasado, en la concepción hipocrática, la misión del médico era enseñar al paciente a vivir sanamente, a ser responsable de su salud. Con la visión cartesiana del hombre – máquina se le hace creer a la gente que tiene que delegar la responsabilidad de su salud en el médico, porque es el que tiene el “conocimiento” y él podrá curar su dolencia. La Medicina actual se halla en una crisis tremenda porque en este momento la gente muere masivamente de una enorme cantidad de “enfermedades crónicas”, de “enfermedades degenerativas”, de “enfermedades auto inmunes”, de cáncer. Es decir, la enfermedad crónica incurable se ha convertido en el patrón del mundo moderno porque nos hemos alejado de los verdaderos principios de salud. Cuando tenemos a estos pacientes o un paciente en la sala de operaciones ¿Qué deberíamos pensar? Que esa situación se podría haber evitado si años atrás les hubiéramos enseñado a alimentarse, a hacer algo de ejercicio, a avisarle del peligro real del tabaco, de cómo evitar el estrés, etc. El médico conciente debería asumir un papel de educador y debería “devolverle” a la gente la responsabilidad de su salud. La Medicina Biológica, tal como se entiende hoy por miles de médicos en Alemania, Inglaterra, Francia, Suiza, Italia, Rusia, España y otros países de área occidental, es un modo de entender la práctica médica que supone aceptar:
Todo médico que practique la Medicina Biológica debería asumir:
PensamientosCuando salgas a la ida hacia Ítaca, Constantino Cavafis, Ítaca
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